Verdad son los sueños mientras duran pero, ¿qué es vivir sin soñar?
Alfred Tennysson
1.
PODRÍA JURAR QUE ALGUIEN HABÍA MORDIDO EL ANZUELO. Algún ejemplar grande, veloz, huidizo. Pero fue en vano tirar y tirar con toda su fuerza, nada lo esperaba en el otro extremo de su caña de pescar. No podía recordar con exactitud cuanto tiempo llevaba en aquella barcaza: quizás horas, minutos, quizás siglos. Bajo la inexistente sombra de un sol sin misericordia, se acordó de ella por primera vez en mucho tiempo. El deseo más profundo que lo invadía en ese momento era tenerla a su lado, rizándose el pelo con el dedo índice, riendo de la mala fortuna de su amado pescador.
Sin más remedio que extrañarla, posó su mirada en el río y ya nunca la quitó de allí. Unos minutos bastaron para que, lentamente, comenzara a quedarse dormido.