
enséñale a pescar y comerá por siempre.
EL BARCO PEINABA APENAS EL AGUA OSCURA mientras las estrellas se reflejaban nítidas en la superficie, como si estuviesen sumergidas. Había dos tripulantes en esa pequeña barcaza de madera: abuelo y nieto. El abuelo era un anciano encorvado y gris, con muchas historias para contar. Su nieto, por otro lado, un joven que ni siquiera sabía el significado de la palabra "pubertad". El dúo se llevaba excepcionalmente bien y cuidaba de sí mutuamente, pues cada uno sabía que el otro era lo único que le quedaba en el mundo.















